miércoles, 10 de noviembre de 2010

Planteamiento del problema


¡Mamá! ¡La Guerra está en televisión!

La Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991), o llamada también simplemente Guerra del Golfo, que enfrentara a Estados Unidos contra Iraq, fue uno de los más grandes conflictos armados del Medio Oriente de la década de los noventa, y funge asimismo, como uno de los enfrentamientos bélicos más importantes de la agenda mundial contemporánea (Roberts, 1991). Gracias a la Guerra del Golfo, no sólo puede entenderse la actual situación política de Iraq y sus complicadas relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, sino también la inserción que tienen los medios de comunicación masiva en la cobertura de las guerras, ante el umbral del siglo XXI (Ripley, 1991). Según el comediante estadounidense Billy Hicks (1991), los años noventa dejaron ver dos Guerras del Golfo distintas; una guerra era la real, en la que los soldados de Estados Unidos sufrían penurias, extrañaban sus hogares, y estaban en una posición hostil al exponer su vida en líneas enemigas, y otra guerra, que era la virtual (o mediática), y que se deliberaba en la sala de los hogares estadounidenses cada noche, por medio de las transmisiones del Noticiero televisivo CNN (Cable News Network) en cobertura especial, y en la que el ejército de los Estados Unidos se mostraba invencible y valiente, y se perfilaba como el potencial ganador[1].

Según un artículo de David Benjamin (Censorship in the War Gulf, 1995), la Guerra del Golfo es el conflicto que los medios masivos de comunicación más transmitieron durante la década de los noventa, y al que más tiempo en sus emisiones le dedicaron. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue transmitida en cortos cinematográficos y en la radio, pero la Guerra del Golfo fue la primera que se televisó puntual y progresivamente, en un orden cronológico. “Mientras que la Guerra de Vietnam (1968-1975) fue un conflicto muy cubierto por los medios, con 85 reporteros de distintos medios, la Guerra del Golfo tuvo cerca de 1600 corresponsales distintos, provenientes de todo el mundo, y fundamentalmente de los Estados Unidos, Iraq y Arabia Saudita” (Benjamin, 2). Los noticieros de los Estados Unidos, sin embargo, no se limitaban a cubrir la noticia objetiva y concretamente, sino que utilizaron el footage del discurso audiovisual, para generar una imagen específica de la armada estadounidense: la de guerreros invencibles, capaces de revivir el patriotismo y los valores de Estados Unidos, a la entrada del siglo XXI. David Hycryszyn en Nothing Shocking: Mainstream media and manipulation in the Gulf War (1995), lo explica de la siguiente manera:

A pesar de que los satélites de todo el planeta transmitían lo que sucedía en los campos de batalla, el mundo, y sobre todo, el público de los Estados Unidos, vivió una guerra ficticia. En la Guerra del Golfo, los buenos siempre terminaban con los malos, y era así como, una vez más, el mundo podía vivir en paz bajo el triunfo de la democracia. Sin embargo, reporteros como John Balzar, de Los Angeles Times, declararon que la realidad distaba de los discursos propagados por los principales medios de comunicación masiva. Se había generado una extravagancia cinematográfica, que bien podía situarse en medio de “La Guerra de las Galaxias” o “Lawrence de Arabia”, pero había una realidad cruel, llena de muerte, sangre y huesos: Los soldados iraquíes eran masacrados hasta que no tenían noción del dolor. Mientras las granadas de treinta centímetros estallaban, una larga pila de hombres caía sobre la arena, unos sobre otros. (p. 1)[2].

Fue por eso, que el final de la Guerra del Golfo dejó graves descontentos en la opinión pública estadounidense, ya que los iraquíes terminaron por rendirse, y el gobierno de los Estados Unidos, pretendiendo seguir con las hostilidades, propiciaría la imposición de un embargo para Iraq ante la Organización de las Naciones Unidas (Roberts, 1991). Se hizo evidente que la imagen del conflicto mantenida por los medios de comunicación masiva, era tan sólo una ficticia, y que en la realidad, el ejército de los Estados Unidos había cometido graves abusos en contra de la población civil iraquí: “las bajas de los estadounidenses son 79, mientras que las de los iraquíes ascienden a 150 mil pérdidas. (…) Algunos soldados que han regresado hablan de los saqueos, las violaciones y los asesinatos a sangre fría que se han cometido. (…) Y todavía se pregunta la sociedad civil si fue una guerra desigual” (Hicks, 1991). Muchos, como la investigadora alemana Christian Elders (2003), declararon que las últimas medidas del conflicto, en 1991, fueron tan abusivas y desiguales, por parte del gobierno estadounidense, que propiciarían que el líder iraquí Saddam Hussein, incrementara su popularidad en su país, a tal grado que los Estados Unidos, ya en tiempos del presidente George W. Bush (2000-2008), hijo de George Bush (administración 1990-1994), buscaran aplastarlo a como diera lugar, originando la Segunda Guerra del Golfo o Guerra de Iraq (2001-2003).

Durante el desenvolvimiento de la Guerra del Golfo, hubo varios medios de comunicación que cubrieron el evento, pero la cobertura más importante, según Benjamin (1991), fue la de la cadena televisiva de los Estados Unidos CNN, quien a través de sus reportes War on Gulf (1991), recreó la guerra en cortes informativos e imágenes. Otras cadenas como NBC (National Broadcast Company) o como la Associated Press o United Press International, también se distinguieron en la cobertura mediática de este conflicto.

Un gran héroe requiere de un gran villano

La premisa fundamental de esta investigación es realizar un análisis riguroso del manejo mediático de la Guerra del Golfo, desde el 17 de enero de 1991 –fecha en la que interviene en contra de Iraq, una coalición liderada por los Estados Unidos-, hasta el 2 de febrero de 1991 –fecha de la rendición iraquí-, para así, entender la construcción mediática del conflicto, a partir de la visión de los Estados Unidos. La premisa de la investigación es, que el discurso estadounidense, legitimado a través de diversos programas televisivos, no sólo se legitima mediante las noticias o cobertura “oficial” del conflicto, sino también, a través de los contenidos culturales que emanan de la guerra. Es decir, a partir de la “guerra real” se recrea una especie de guerra ficticia, mediante películas de Hollywood, segmentos televisivos, cortometrajes y fotografías o tiras cómicas en medios impresos, en la que los soldados de la armada de la Unión Americana se muestran poderosos, comprometidos, cabales y patriotas; es decir, verdaderos héroes de acción.

La imagen de heroísmo y compromiso estadounidense, sin embargo, no puede legitimarse sin la aparición de un gran villano. Se requiere de un enemigo lo suficientemente deleznable como para reforzar los valores del discurso patriótico de los Estados Unidos. En la Guerra del Golfo, el líder iraquí Saddam Hussein hace el papel del “villano perfecto”. La construcción del discurso estadounidense, por lo tanto, se formula por oposición, o de forma dialéctica, es decir: presentando a una antítesis de lo que desea recalcarse, se refuerzan las bondades de la imagen de los Estados Unidos. El análisis a realizar, por tanto, comprende una lectura profunda, a través de un amplio bagaje en materia de ciencias de la comunicación y de relaciones internacionales, de la imagen de Saddam, proyectada en programas de televisión, filmes y tiras cómicas estadounidenses del bienio 1990-1991. Las preguntas de investigación, finalmente, por tanto, son: ¿qué técnicas (a nivel semiótico y semántico) utilizan los textos mediáticos elegidos para generar un discurso en particular sobre la armada de los Estados Unidos, y cómo éste se legitima mediante la satanización de la imagen de Saddam Hussein?, ¿cuál es la imagen arquetípica proyectada por los soldados estadounidenses, y cuál es la imagen de Hussein como “el gran enemigo iraquí”?, y ¿qué métodos persuasivos se utilizan, para legitimar la causa de la invasión estadounidense y para demeritar a Saddam?


[1] Bill Hicks talks about the Gulf War, en http://www.youtube.com/watch?v=KKQLwuRGthY

[2] La traducción al castellano es mía. Dice en el texto original:

Despite live satellite feeds providing almost instant worldwide communication, the world public (and especially the North American public) was lulled by a propaganda offensive which was every bit as intense as the air war which began on 16 January 1991. Plenty of 'combat' footage was shown on television: laser-guided munitions swooping down from invulnerable aircraft in the best Hollywood style. In the Gulf War, the good guys always won against massive odds, and at its end the world was once again safe for democracy. However, as Los Angeles Times reporter John Balzar saw it, the reality of the war was far dirtier than was apparent to the average network television viewer. While the public was being shown a cinematic extravaganza somewhere between Star Wars and Lawrence of Arabia, coalition forces were grinding the Iraqi army into all-too-real fragments of flesh and bone: One by one [Iraqi soldiers] were cut down by attackers they could not see or understand. Some were blown to bits by bursts of 30-millimeter exploding cannon shells. One man dropped, writhed on the ground, then struggled to his feet; another burst of fire tore him apart.

Fuentes:

Fisk, Robert: The Great War for Civilization. The Conquest of the Middle East, Ed. Harper, Londres, 2005

Ripley, Tim; "Land Power, The coalition and Iraqi armies"; Editorial: Reed International Books, 1991

Eliders, Christiane, Los medios de comunicación como generadores de una realidad de guerra, en

http://www.icrc.org/web/spa/sitespa0.nsf/html/6QAN26

Benjamin, David, Censorship during Gulf War, en

http://web1.duc.auburn.edu/~benjadp/gulf/gulf.html

Hycryszyn, David, Nothing Shocking: Mainstream media and manipulation in the Gulf War, en http://flag.blackened.net/revolt/issues/war/gulf_media.html

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