
Estudiar la Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991) conlleva el uso de varias teorías relacionadas con los estudios históricos, los estudios subalternos[1] y, en el caso particular de esta investigación, los estudios culturales. Según Quiroz (1983) se entiende por estudios culturales, aquella rama de la investigación histórica y social que integra, además de los métodos cualitativos y cuantitativos tradicionales de la indagación en Historia, referentes de la cultura: sociología, economía política, antropología, teorías literarias, etnografía, estudios de la nacionalidad, y asimismo, cine y teorías de la comunicación, por igual[2]. En la presente investigación se conjugarán tres grandes bloques teóricos de los estudios culturales:
a) La Historiografía revisionista (revisionismo histórico)
a1) La visión revisionista de Stanley Payne y Howard Zinn
Al tratarse de un análisis de la Historia reciente que ya ha sido contado por historiadores contemporáneos como Luis Mesa Delmonte[3], Roy Braybook[4] o Tim Ripley[5], la presente investigación sólo fungirá como una revisión crítica de la Guerra del Golfo que no necesariamente abunde en hechos concretos o en personajes específicos, sino que analice el manejo mediático de este conflicto como un todo. El estudio que se implementará está fundamentado en la historiografía revisionista del historiador estadounidense Stanley G. Payne[6], quien establece, en palabras de su alumno Howard Zinn[7], que
(d)esenterrar los restos de aquellos que fueron enterrados por gloria, de acuerdo a los intereses de un Estado, es una responsabilidad científica y académica. (…) La Historia, ha sido escrita, antes con fines políticos que con un propósito meramente histórico, por lo que resulta necesaria una “revisión”, a través de la crítica, de la Historia oficial o académica reciente. (…) Se requiere de una Historia de gentes, más cívica y menos rigurosa, en donde se democratice el fenómeno histórico y todos tengamos cabida[8].
Según el pensamiento de Payne, términos como el de “memoria histórica” no deberían de ser usados, ya que el propósito de la investigación en Historia no es la creación de archivos inmaculables, sino la recreación rememorativa de una Historia colectiva, popular, en donde se hable, tanto de los protagonistas políticos como de la sociedad civil. Por “Historia de gentes” (“people´s History”), Payne entiende una investigación en la que tengan el mismo peso académico, el aspecto social y el político o económico.
a2) Las fuentes históricas (críticas) sobre la Guerra del Golfo
En el presente estudio de la Guerra del Golfo se utilizará este criterio: por un lado, se expondrá el manejo de medios de la guerra desde un punto de vista meramente político o economicista, pero por otro, se abordará la perspectiva social de la guerra, tal y como millones de televidentes en los Estados Unidos la concibieron en el bienio 1990-1991. Con este fin, se considerará como fuente clave de apoyo, el texto de Alejandra Pizarroso Quintero, Nuevas Guerras, Vieja Propaganda (De Vietnam a Iraq) (2005), en donde en el capítulo III (La Guerra del Golfo de 1991) se hace un recuento crítico, puntual y revisionista del conflicto. Lo más útil de este texto para fines de la presente investigación, es que la autora, además de brindar un preámbulo considerable sobre la guerra como acontecimiento histórico, realiza más bien, una especie de Historia de la cobertura mediática de la Guerra del Golfo, a través de sus ensayos: El reinado de la CNN, Información oficial, medios y corresponsales, Censura y control de la información, Guerra de mentiras, La propaganda occidental y La propaganda iraquí[9]. Pizarroso Quintero, no sólo realiza una excelente labor historiográfica -hasta incluye una línea del tiempo y abundantes notas con referencias a fuentes primarias: periódicos, revistas, noticieros televisivos-, sino también, un ensayo analítico del papel de la Guerra del Golfo en los medios de comunicación:
La Guerra del Golfo, surgida en 1991, fue la más anunciada de su tiempo, hasta entonces. Esperada por más de seis meses, su transmisión se prepararía concienzudamente adelantando que se trataría de la primera guerra totalmente televisada en directo. Cuando llegó el momento de la verdad, sin embargo, muchos acabamos desilusionados. De nada sirvieron los nuevos y excepcionales medios técnicos, las conexiones vía satélite ni el despliegue de miles de corresponsales[10].
Otro texto en el que se apoyará la investigación para indagar sobre la Guerra del Golfo será el colectivo de ensayos coordinado por Doris Musalem, La Guerra del Golfo y el Nuevo Orden Mundial (1994), publicado por la Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Xochimilco, donde se realiza una revisión crítica, desde los antecedentes de la guerra (Guerra Irán-Irak, 1979-1989[11]), hasta sus últimas consecuencias (Segunda Guerra de Irak, 2003[12]). Se utilizarán, de igual forma, los textos: Guerra de Irak, el dossier secreto (1992), de Jean Salinger y El devenir histórico de Irak (1996), de Mario Lagos Aceves, en las que se hace un seguimiento adecuado, ampliamente investigativo, del proceso de guerra.
b) Las teorías “críticas” de la comunicación:
b1) Comunicación-mundo: el uso utilitario de los medios, según Armand Mattelart
Para diseccionar los textos audiovisuales de análisis, es necesario recurrir a teorías de comunicación masiva relacionadas con el estudio de noticieros, y específicamente, con la semiótica de los reportajes de guerra. Como herramienta teórica fundamental, la investigación utilizará el libro Comunicación-mundo: Historia de las ideas y de las estrategias (1996), de Armand Mattelart. En este texto, Mattelart expresa que los medios de comunicación son empresas al servicio de los discursos hegemónicos y del poder político, para llevar una serie de referentes culturales concretos a la mentalidad de la sociedad civil, en aras de la mundialización, que es la uniformidad de modus vivendi en el mundo entero. Según Mattelart, existe una preocupación política por “crear mentalidades colectivas, (…) masificar flujos de información, crear un gran número de organizaciones civiles y colectivas, globales, y llevar los sistemas ideológicos mundiales a una misma naturaleza[13]”. En el caso específico de la Guerra del Golfo, existe una preocupación clave, por parte del gobierno estadounidense, de usar sus medios de comunicación como portavoz estratégico del discurso yankee. Al respecto, Mattelart expresa, en un tono prospectivo (la primera edición de su libro es de 1989):
El dispositivo civil de propaganda del gobierno de los Estados Unidos será accionado a partir de 1991, cuando se precipite una crisis, anunciada desde hace quince años antes. En efecto, para estas fechas el Presidente George Bush –“a la vista, sobre todo, del final de la Guerra Fría, de la Revolución Democrática en el Este, y ahora, de los acontecimientos del Golfo”, por utilizar los términos de su memorándum de grupo de expertos en recomendaciones- decidirá estudiar cómo se pueden organizar radios y televisores como su ejército, para que bajo el discurso de que “los medios sigan siendo competitivos”, se vean repletos de contenido bélico oficial. Esta cualidad, no será, en efecto, propia de Bush, sino que también contará con la intervención de los marines, que son aquellos intermediarios que controlan los dispositivos de información de la Casa Blanca[14].
Mattelart retrata una interesante transición, de un espionaje privado, en los Estados Unidos de los años cincuenta y sesenta, a uno público, casi a la entrada del siglo XXI, en el que los enemigos de la democracia son expuestos públicamente: “dieciocho mil funcionarios y un presupuesto de cerca de doscientos millones de dólares, (…) para hacer la labor de espionaje que revisará los pasos de Sadam Hussein (sic) en su invasión a Kuwait[15]”. También, menciona Mattelart, que es crucial “desconfiar de las instituciones públicas, (…) privadas y mediáticas[16].”
b2) Manuales teóricos de periodismo de guerra
Como manuales teóricos para entender el desempeño de la Guerra del Golfo, la presente investigación utilizará el colectivo de ensayos Las noticias en tiempos de guerra (2004), coordinado por Danny Shechter, y el texto Periodismo de guerra (2007), de Alejandra Pizarroso Quintero, Marta González San Ruperto y Pablo Sapag Muñoz de la Peña, en donde se señala que
En los medios de comunicación, la información de conflictos armados debe correr a cargo de, por una parte, los corresponsales o enviados especiales, y por otra, de los periodistas destacados que se encuentran a la retaguardia, es decir, en la redacción de los medios que envían, y que pretenden comunicar lo que ocurre. Unos y otros son igualmente relevantes para que la información de los conflictos sea, lo más precisa y rigurosa posible, objetivos del periodismo en general pero más, cuando de conflictos armados se trata.
Dejando a un lado los objetivos políticos y materiales, en las guerras y otros enfrentamientos armados lo que se dirime en última instancia son vidas humanas, por lo que un deficiente desempeño de los corresponsales y de los periodistas de la retaguardia puede contribuir a que se decida el curso de la guerra, e incluso, por lo mismo, a la innecesaria prolongación de un conflicto y en consecuencia, a una mayor mortandad[17].
Del texto, Las noticias en tiempos de guerra se utilizará sobre todo, el ensayo alusivo a la cadena televisiva CNN, El papel de la CNN, de Dany Shechter y Aliza Dichter, en colaboración con Mediachannel.org y Globalvision News Network, en donde se establece que
La CNN se está volviendo cada vez más superficial. Más instalada en el orden dominante. Las noticias que ofrece parecen hechas en serie, “producidas”. Siguen el orden impuesto por los poderosos. Hoy en día, las noticias internacionales, con su jerga y sus marcas de referencia, constituyen un mundo propio. “No se ha hecho mucho por mejorar el mundo del que conseguimos las noticias –escribió hace un par de años, Tom Rossenteil, del Commitee of Concerned Journalists of the New Republic-. De alguna manera, esta cadena ha tenido un efecto pernicioso sobre el resto del periodismo. Ha acelerado la pérdida de control que tiene toda empresa periodística sobre el contenido de las noticias, volcándose hacia el sensacionalismo, y poniendo el énfasis en el comentario o en la interpretación, a costa de los reportajes de la vieja escuela (…). El traqueteo constante de su programación de veinticuatro horas al día, es más superficial que profundo[18].
Otro texto profundamente rico en teoría de los medios en acontecimientos de guerra, y que resulta inseparable a la presente investigación es Culturas de guerra (2004), de Fernando Contreras y Francisco Sierra (coordinadores). En este colectivo de ensayos, se expone que los Estados Unidos someten a su sociedad civil a una “no guerra” psicológica. Es decir, le hacen pensar a su población que la guerra en la que están enfrascados los soldados estadounidenses, “no es en sí, una guerra real, sino más bien, un conflicto armado a escala, minoritario, y no peligroso”. Dicen Contreras y Sierra:
Un concepto funcional, estratégico, en la visión dominante de los Estados Unidos es el uso de nuevas formas de guerra psicológica, a manera de una guerra virtual. La guerra de la información, que es una guerra teorizada, intenta convencer a la población civil de una especie de “no guerra”, en donde la intervención armada es legítima y se apoya en la opinión pública y en las instituciones políticas, tanto nacionales como internacionales. Esto, sin embargo, es proporcional al número de muertos:
En esta época de transmisiones en vivo mediante la CNN, el público estadounidense manifiesta muy poca tolerancia a las bajas. Ante el relativamente poco apoyo popular que está teniendo la actual guerra de Irak, desde que empezó la liberación armada de Kuwait, es difícil creer que la escena de los estadounidenses está funcionando: hay demasiadas bajas para que éste sea como cualquier otro conflicto bélico (Metz, 1994:78).
Esta “guerra quirúrgica” es, pues, la condición de cualquier circunstancia bélica en coherencia con un discurso científico, cibernético o nacionalista de Occidente. Se respalda por una vaga e interesada noción instrumental de progreso, común a la filosofía de la comunicación, tan institucionalizada en los medios[19].
Como puede verse, la premisa de Contreras y Sierra es congruente con la opinión de Shechter y de Pizarroso Quintero. Todas las fuentes coinciden, en que hay un discurso persuasivo, manipulador incluso, detrás de la narrativa de la guerra que exponen los reportajes estadounidenses. No es espontánea la cobertura de la CNN, sino que es una herramienta de dominación intelectual, a través de la cual Estados Unidos desea convencer a la opinión pública de que la guerra es legítima, y sobre todo, de que este país será el definitivo ganador.
b3) La ficcionalización de la Guerra del Golfo
La Guerra del Golfo, tal y como los medios la transmitían al público estadounidense, era una absoluta ficción. Las bajas se ocultaban, se decía menos de lo que debía decirse, y al final, lo que se vio en televisión fue, más que un reporte periodístico, una ficcionalización de la guerra, a través de la cual los Estados Unidos y su ejército, eran los héroes, Saddam Hussein y los iraquíes, los grandes villanos, y la guerra, una causa justa en pro de la paz internacional. Esto lo expone Jean Baudrillard (1991) en el texto La guerra del Golfo no ha tenido lugar. Dice Baudrillard:
La guerra ha sucedido. Pero en la conciencia colectiva, una vez terminada la guerra se tiene como no sucedida. Más que una guerra real se ha tratado de una guerra virtual. Una guerra cuyo final era predecible, cuya desproporcionada relación de fuerzas hizo llamar "operaciones quirúrgicas" a los ataques aliados y en donde el enemigo se convertía en un parpadeo abstracto sobre la pantalla del ordenador. El desarrollo de lo que constituía el mayor drama humano fue "cubierto" por la información[20].
Asimismo, un académico español de la Universidad Complutense, Gonzalo Abril, apoya el criterio de una ficcionalización de la guerra, diciendo que
La información producida sobre la Guerra del Golfo –según Casasús[21]-, produjo numerosos eventos de este tipo, es decir, una especie de realidad simulada que se sirvió de infrografismo como principal instrumento de producción (o, ¿simulación?, ¿reproducción?). Casasús parece aludir a una ficcionalización o virtualización del discurso noticioso que encuentra sus condiciones de posibilidad en las actuales tecnologías audiovisuales[22].
c) El “chomskismo” o la visión de Estados Unidos, a partir de su discurso imperialista
Finalmente, queda por abordar como última pieza del corpus teórico de la investigación, el análisis del discurso estadounidense (triunfalista, intervencionista, imperialista, glorioso), a través de los medios de comunicación. El autor que lleva más de cincuenta años analizando la forma en la que los Estados Unidos, desde los altos mandos de su ejército, piensa y hace pensar al mismo tiempo, es Noam Chomsky. De este académico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, se considerarán varios textos: The U.S. Policy after Middle East (1995), Ilusiones Necesarias: métodos de manipulación del pensamiento en las sociedades democráticas (1994), Intervenciones (2007) y Ambiciones imperiales (2006). Del último texto mencionado, Chomsky explica la Guerra del Golfo, de la siguiente forma:
La manera más sencilla de establecer ante la opinión de la mayoría una nueva forma –como puede ser una guerra preventiva-consiste en elegir un objetivo absolutamente indefenso que no pueda hacer nada en contra de la fuerza militar más descomunal de toda la humanidad. Sin embargo, para que algo así goce de credibilidad, al menos entre la propia población, lo primero que debe hacerse es asustar a la gente. O sea, hay que tildar ese objetivo indefenso de ser una horrible amenaza para la naturaleza[23].
Además de Chomsky, el estudio adecuado del discurso estadounidense se realizará a partir de dos autores más, Benjamin R. Baber[24], que define a su natal Estados Unidos como “un niño mimado por el destino durante ya tanto tiempo, que se enfrenta continuamente a lo largo de la Historia, sin conseguir leer el ineludible mensaje de interdependencia que define el mundo del siglo XXI[25]”, y el intelectual palestino Edward Said[26], que menciona:
Con casi 5000 años de historia (sic) Irak es hoy una amenaza para sus vecinos del Medio Oriente. Su actual condición de debilidad y su condición de asediado, no hacen ningún sentido, entonces. Irak es visto como una amenaza para la libertad y la seguridad, sobre todo, ante el discurso de los Estados Unidos, lo que aún guarda menos sentido. No basta con tachar a Saddam Hussein como alguien terrible: se da por hecho que, desde cualquier criterio, el dictador debe ser castigado y expulsado, o muerto. Sin embargo, la culpa no es de su pueblo, que termina siendo el gran culpable de los crímenes de un mandato que también sufre[27].
[1] Se le denomina estudios subalternos a aquellos que se especializan en el análisis de sociedades postcoloniales de Asia y de África, o bien, a sociedades post-imperiales; es decir, que llegaron a ser parte de algún imperio islámico, pero que son el resultado de una fragmentación, ocurrida después de alguna de las dos guerras mundiales. Esta rama de estudios históricos fue desarrollada por un grupo de expertos en análisis de la cultura, en el Oeste de la India (Partta Chaterjee, Dipresh Chakrabaty, por ejemplo), liderados por el historiador Ranajit Guha (History at the limit of World History, 2002), quien fuera discípulo del italiano Antonio Gramsci (Cuadernos, 1926-1935). El objetivo de este tipo de estudios es despojar a la investigación histórica de la carga eurocéntrica que la ha caracterizado. Las principales obras de los estudios subalternos se incluyeron en la revista india Subaltern Studies, y los conceptos capitales de esta concepción histórica se encuentran contenidos en la obra de Ranajit Guha, Elementary Aspects of Peasant Insurgency (1983).
[2] Ver Quiroz, Fernando, Estudios culturales: de críticos a vecinos del funcionalismo, pp. 3-5.
[3] Meza Delmonte, Luis, Irak y Estados Unidos: Crónica de un ataque preventivo, 1995
[4] Braybook, Roy, Air power: The coalition and Iraqi air forces, Tomo II de Great war of civilization: The conquest of the Middle East, 1991
[5] Ripley, Tim, Land power: The coalition and Iraqi forces, Tomo I de Great war of civilization: The conquest of the Middle East, 1990.
[6] Navarro, Manuel Rodríguez, Stanley Payne on Pio Moa: the Historic revisionism, 2009.
[7] Zinn, Howard, A people´s History of the United States, 1965.
[8] Payne, Op. Cit., p. 13.
[9] Pizarroso Quintero, pp. 97-146.
[10] Op. Cit., p. 98.
[11] La Guerra Irán-Irak fue un conflicto que duró más de una década en la que las dos naciones participantes se enfrentaban, supuestamente, por el dominio de la región de Shatt-al-Arab, un valle fronterizo y fértil ubicado entre los dos países. El conflicto, sin embargo, adquirió tintes económicos y de política internacional, ya que Irán era apoyado por la Unión Soviética, debido a la tendencia socialista de una revolución recién triunfante en, liderada por Ayatollah Jomeini, que transformaría la República de Irán en la República Islámica de Irán. Estados Unidos, por su parte, apoyaba a los iraquíes y a su principal líder, Saddam Hussein, que posteriormente, ante las pretensiones iraquíes de invadir Kuwait se convertiría en el principal enemigo estadounidense.
[12] La llamada Segunda Guerra del Golfo fue una intervención militar en 2003 de Estados Unidos en Iraq, orquestada por el Presidente George W. Bush. Tras la aparente falta de conclusión de la Guerra del Golfo de 1991, y después de la rendición de Hussein y de los iraquíes, los Estados Unidos no continuaron atacando Irak, sino que sacaron sus tropas de la zona de conflicto. En 2002, sin embargo, Estados Unidos declaró ante Naciones Unidas que Irak poseía peligroso instrumental nuclear de destrucción masiva, y que debía pedir una autorización para una nueva intervención.
[13] Mattelart, p. 173.
[14] Op. Cit., pp. 174-175.
[15] Ibid. , p. 175.
[16] Ibídem.
[17] Pizarroso, González, Sapag, p. 33.
[18] Shechter, p. 138.
[19] Contreras, Sierra, p. 86.
[20] Baudrillard, p. 18.
[21] Aquí alude, probablemente, a Josep María Casasús, académico español de la Universidad de Fabra, distinguido por sus estudios en Medio Oriente y en la Guerra del Golfo Pérsico. Es, también, experto en teorías de la comunicación masiva.
[22] Abril, p. 4.
[23] Chomsky, p. 12.
[24] Baber, Benjamin R., El Imperio del miedo: guerra, terrorismo y democracia, 2004.
[25] Baber, p. 15.
[26] Said, Edward, Israel, Irak y los Estados Unidos, en Washington contra el mundo, 2003.
[27] Said, p. 245.
Fuentes consultadas:
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Navarro, Manuel Rodríguez, Stanley Payne on Pio Moa: the Historic revisionism, 2009, en World Association for International Studies, Universidad de Stanford: http://cgi.stanford.edu/group/wais/cgi-bin/?p=29237, consultado el 04 de octubre de 2010.
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